Por qué tus fracasos profesionales son en realidad tus mejores condecoraciones

A nadie le gusta usar la palabra «fracaso». Es una etiqueta dura y, a menudo, la evitamos a toda costa. Sin embargo, ¿qué pasaría si cambiamos la perspectiva y empezamos a ver esos tropiezos no como un final, sino como condecoraciones que nos preparan para el éxito?

Inés Temple, experta en empleabilidad y presidenta de LHH DBM Perú y LHH Chile, nos invita a reflexionar sobre este concepto en una reciente publicación en El Comercio. Su mensaje es claro: las personas más exitosas son aquellas que usan sus caídas como un trampolín.

Aceptar el golpe: El primer paso hacia la reinvención

Cuando un plan profesional no sale como esperábamos, el consejo típico suele ser «mantén una actitud positiva». Pero la realidad es que sanar requiere sentir.

No tiene nada de malo experimentar las emociones duras que trae un revés laboral o un negocio fallido. De hecho, vivir ese pequeño «duelo» sin huir de él es lo que nos permite curarnos más rápido de la experiencia y tener la claridad necesaria para volver a empezar.

Las personas a las que mejor les va no son las que nunca caen, sino las que aceptan la realidad tal como es y se comprometen activamente a reescribir sus objetivos.

El "fracaso" como trampolín: Los datos lo confirman

Si crees que un error marca el fin de tu carrera, los datos dicen todo lo contrario. Lejos de estancarse, quienes enfrentan estas situaciones crecen.

Según un estudio de LHH DBM Perú, en el 91% de los casos, los siguientes pasos de estos profesionales son mucho mejores que los anteriores, asumiendo nuevas y mayores responsabilidades. Esto demuestra que la resiliencia no es solo una frase motivacional; es una estadística comprobable. Al ponerse de pie y trabajar duro, el fracaso se convierte en el impulso necesario para llegar más alto.

La cultura de la "condecoración"

En muchas culturas emprendedoras, equivocarse es motivo de orgullo. Un emprendedor que ha visto quebrar su empresa es considerado alguien más sabio, más experimentado y mejor preparado para su próxima aventura.

Como bien señala Inés Temple, debemos empezar a ver estas experiencias como condecoraciones. La vida nos entrega estas medallas cuando considera que ya estamos listos para pasar a una etapa mejor y más grande.

  • Si no te equivocas, no aprendes.
  • Si no te pierdes, no encuentras el camino correcto.
  • Si no hay dolor, no hay oportunidad para la reflexión profunda.

¿Qué condecoraciones te llevas este año?

En lugar de ocultar tus errores, haz una lista de ellos. Con franqueza y humildad, extrae las lecciones que te dejaron. Habrá disculpas que pedir y tácticas que enmendar, pero sobre todo, habrá un aprendizaje invaluable que ahora forma parte de tu perfil profesional.

Una vez que incorpores esas lecciones, estarás listo para visualizar con entusiasmo tu próximo gran paso. Escribe en detalle qué quieres evitar, qué vas a empezar a hacer y hasta dónde quieres llegar.

 

Fuente: Artículo «Cuando los “fracasos” son condecoraciones» por Inés Temple, publicado originalmente en El Comercio).

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