El entorno laboral en América Latina sigue siendo uno de los temas que más están cambiando, social como económicamente. Pese a que algunas veces las estadísticas de desempleo son prometedoras en algunos países, el tema real pasa mucho más allá de cuantos personas están empleadas. Lo que verdaderamente debemos cuestionarnos es: ¿en qué circunstancias están laborando?
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estableció que la baja calidad laboral y los sueldos inferiores a los mínimos son los asuntos de mayor importancia para nuestra región. Numerosos empleados y empleadas apenas consiguen cubrir lo esencial, incluso manteniendo un trabajo formal.
Uno de los desafíos más relevantes es el alto índice de empleo no formal, que continúa siendo relevante en América Latina. A esto se le añade la repercusión de la inflación, que ha reducido los sueldos reales y, por ende, el bienestar de millones de hogares.
Un vistazo a las cifras
Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), este año Colombia exhibe una de las tasas de desempleo más altas en la región, con un 10%. Chile se sitúa a continuación con un 8,1% y Uruguay con un 8% respectivamente. A pesar de que estas cifras ilustran una porción del problema, no representan la totalidad de la situación. La calidad del empleo y el acceso a derechos laborales continúan siendo una gran deuda.
En contraste, países como México (3,8%), Ecuador (4%) y Bolivia (5,1%) tienen tasas más bajas. Pero nuevamente, debemos preguntarnos: ¿cuántos de esos empleos son formales, estables y con condiciones dignas?
Mujeres y trabajo: una lucha desigual
La situación se intensifica cuando examinamos el desempleo desde un enfoque de género. Las mujeres siguen enfrentando mayores barreras para acceder al empleo y, cuando lo logran, muchas veces lo hacen en condiciones más precarias.
Según la CEPAL, en 2023 la tasa de desempleo en mujeres llegó a dos puntos porcentuales más alto al de los hombres.Adicionalmente, muchas mujeres están sobrerepresentadas en empleos no formales, en jornadas parciales o o en sectores mal remunerados, como los trabajos de cuidado.
No es casualidad que América Latina haya alcanzado una de las puntuaciones más bajas a nivel mundial en cuanto a equidad económica y oportunidades, según el Foro Económico Internacional. Sin embargo, es crucial enfatizar que la región ha encabezado la eliminación de la brecha de género desde el 2006.
¿Qué podemos hacer?
Es esencial reconsiderar nuestras políticas de trabajo, centrando nuestra atención en un trabajo digno, equidad de género y formalización. Es necesario fomentar ambientes donde el trabajo no solo sea posible, sino también justo y sostenible. Porque hablar de empleo no es solo hablar de economía: es hablar de calidad de vida, de justicia social y de futuro.